Despilfarro de energía

Desde la década de los sesenta, y con la llegada de la motorización a nuestro país, el transporte se ha convertido en un importante consumidor de combustibles fósiles. El petróleo es uno de los recursos no renovables menos abundante, y su consumo masivo está afectando a las reservas disponibles, cuyo precio no deja de ascender día a día.

Durante el año 2002, en España el funcionamiento del transporte en la etapa de circulación supuso un 36% del consumo final de energía. La evolución de estos consumos energéticos ha experimentado un crecimiento muy significativo desde la década de los ochenta, cuando tan sólo representaba el 29% del consumo energético.

El aumento de las distancias entre residencia y centro de trabajo ha ocasionado un incremento en los consumos energéticos destinados al transporte de los trabajadores y, por tanto, el consiguiente aumento de las emisiones de efecto invernadero y de otros contaminantes que deterioran la calidad ambiental de nuestras ciudades.

En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, el cambio modal en los viajes hasta el trabajo, en el que el protagonista es el coche, ha provocado que se incremente sustancialmente el consumo energético dedicado al sector del transporte, que ha pasado de un 39% a mediados de los ochenta a un 51% en el 2003.

El parque de vehículos alcanza más de 25 millones de unidades, de los que el 75% son turismos (18.688.320).


Hay que tener en cuenta que no todos los modos ni medios de transporte tienen los mismos consumos; los ferroviarios son los más ahorradores, quedando el metropolitano por encima del resto de los sistemas ferroviarios. La carretera es el más derrochador, suponiendo entre el 75 y el 80% de todos los consumos de energía destinados al transporte.

Otro de los aspectos importantes a la hora de tomar decisiones sostenibles en la gestión de la movilidad al centro de trabajo es el grado de eficiencia energética de cada medio de transporte. Para conseguir esta valoración deberán tenerse en cuenta los consumos por recorrido y el grado de ocupación de los mismos.

Los medios no motorizados, tanto los desplazamientos en bicicleta como peatonales, son los más eficientes, seguidos de los transportes públicos.

Cuando un coche de más de 1.000 kg transporta únicamente entre 1,2 y 1,4 personas de media, se puede decir que se utiliza de forma ineficiente. El transporte público, en especial los autobuses urbanos, son los medios más eficaces al consumir entre 3 y 5 veces menos energía por pasajero transportado que el coche.