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Sumario nº 48
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BERTA CHULVI

Hay tantas sustancias químicas tóxicas que es imposible para la ciencia evaluarlas todas, así que Joel Tickner, director del Centro Lowell de Producción Sostenible de la Universidad de Massachusetts, plantea que es mejor invertir los recursos económicos y científicos en el desarrollo de una química verde que ofrezca las mismas utilidades sin pagar la factura de perder la salud. La sustitución es posible, pero las empresas, sobre todo las pymes, necesitan apoyo técnico y científico para abordarla.

Has criticado la fragmentación de responsabilidades en la gestión del riesgo químico y señalas la necesidad de una agencia de sustancias tóxicas, ¿por qué?
Porque las mismas sustancias se están utilizando en la industria farmacéutica y en la industria química, por poner un ejemplo, y no se comparte información, a pesar de que la industria farmacéutica tiene muchos más datos de toxicidad. Es necesario un enfoque interdisciplinar donde la guía sean las sustancias. Un instituto que cuente con toxicólogos, epidemiólogos pero también ingenieros, porque en realidad estamos ante un problema de diseño, de mal diseño. Las empresas no están contemplando los efectos de las sustancias que incorporan a sus productos y eso es un fallo en la fase de diseño. A nadie se le ocurriría diseñar un puente que pudiera caerse y matar a personas. En la industria química está sucediendo esto mismo.

Planteas también un cambio en el modelo de ciencia, pasando de una ciencia del conocimiento a una ciencia de la sostenibilidad.
Sí, quería decir que necesitamos datos e información científica, pero no necesitamos datos perfectos. Por ejemplo, no necesitamos saber cómo una sustancia entra en el cuerpo y cómo se metaboliza, porque, al fin y al cabo, si una sustancia es tóxica, es tóxica. Pasamos años y años gastando millones de dólares en investigaciones que no tienen ningún valor económico, ningún valor para la protección de la salud. Lo que debemos pedir a la ciencia es que nos diga cómo los usuarios pueden obtener la misma función que hoy obtienen con la química tóxica, pero con la química verde, sin dañar la salud ni el medio ambiente.

Valoras positivamente REACH, pero el reglamento sigue insistiendo en la evaluación y no tanto en la sustitución.
REACH tiene sus problemas, pero es una oportunidad enorme para cambiar los mercados. Representa un cambio de cultura. Le dice a las empresas que han de saber con qué están trabajando. El efecto de obligar a las empresas a saber con qué trabajan es enorme. Lo vimos en Massachusetts con la ley de reducción del uso de tóxicos. Las empresas no tenían ni idea de qué estaban utilizando, ni qué residuos generaban, cuando lo supieron y vieron las obligaciones legales, muchos directivos decidieron cambiar las sustancias que utilizaban. La normativa no es suficiente para producir el cambio, pero si se combina con apoyo a la innovación, el paso a una química verde es posible. Ocurrió en Massachusetts con la reducción del tricloroetileno. Lo criticable de REACH es que no incluye apoyo a la innovación. Las empresas necesitan apoyo técnico y científico para abordar la sustitución de la química tóxica, de otra forma no son capaces de hacerlo. Una empresa pequeña no quiere correr el riesgo de que la alternativa no funcione. En Massachusetts, la universidad ha asesorado a las empresas que se decidían a sustituir con un programa financiado por el gobierno, que recauda sus fondos de los impuestos que pagan las empresas que usan productos tóxicos. Los laboratorios de la universidad han servido para que las empresas pudieran comprobar, en sus propias piezas o en sus instalaciones, que la sustitución del tóxico sí funcionaba.

Afirmas que RISCTOX, la base de datos de ISTAS, es una herramienta única en el mundo, ¿por qué?
No hay otra base de datos que contenga 100.000 sustancias químicas tóxicas con alternativas de sustitución, que tenga tan claro su enfoque en prevención, que sea tan fácil de usar, que contenga tantos casos prácticos. Lo peor de RISCTOX es que internacionalmente no sea más conocida. He mostrado RISCTOX a colegas de EEUU y se han quedado impresionados.

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