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Sumario nº 17
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Presuntos culpables

Todos lo somos. Incluso, sin el púdico 'presuntos'. Culpables mientras no se demuestre lo contrario. Repasen, si no, las andanadas que últimamente se nos han venido lanzando desde nuestro más famoso y popular bigote.

Los parados son, en realidad, unos zánganos. Los trabajadores del campo, unos indolentes. Quienes están de baja, unos simuladores. Todo aquél que cobra un subsidio, un defraudador. Los estudiantes que suspenden, unos zoquetes. Los inmigrantes unos delincuentes... Culpables, al fin y al cabo. Por ser perdedores.

No es la primera vez que denunciamos la culpabilización de las víctimas. Repetidamente hemos abominado de esta hipocresía social. Pero casi estábamos convencidos de tener la exclusiva. Creíamos que esta perversión era una especie de maligna peculiaridad adjudicada desde el pensamiento dominante -que se pretende único- a las políticas de salud. Cada cual enferma de lo que se merece. Quienes enferman son culpables de su enfermedad. Ellos se lo han buscado. Los trabajadores se accidentan porque son unos imprudentes, unos descuidados y unos borrachos.

Ahora parece que la idea ha traspasado las vallas del campo de la salud inundando las políticas que, por pura rutina, aún llamamos sociales. Y no solamente en nuestro país sino a lo largo y ancho del mundo (del industrializado, naturalmente, el otro no cuenta o forma parte del club de los culpables por el simple hecho de existir).

Amnistía Internacional denuncia la regresión de los derechos humanos desde el 11 de septiembre. Con la seguridad como coartada, los políticos se apuran para sacudirse algunos molestos 'privilegios' de que disfrutan los ciudadanos. Todos llevamos dentro un presunto terrorista que debe ser controlado, por si acaso, desde el poder. Más control, menos derechos. Llega el 'gran hermano' (el auténtico, el de Georges Orwell).

Los empresarios no se resisten a hacer lo propio al socaire de una coyuntura tan favorable. Dos botones de muestra: en la última junta de accionistas de la dirección de Renault apostó con todo descaro por una mayor temporalidad en las plantillas, Nissan pretende contratar a 1.000 nuevos empleados con la condición de que cobren un 20% menos que sus actuales trabajadores.

Es urgente un nuevo protocolo de Kioto. Esta vez para tratar de detener el otro cambio climático, el social. O se nos acabarán fundiendo los polos. También los ideológicos.

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